“Al Mugello non si dorme”, no podía titular de otro modo el post, ya que fue esta la frase que más escuché a lo largo de los seis días que estuve en Italia. Desde hace años que había querido ir a ver las carreras al circuito de Mugello, al jardín de Valentino, pero para nada podía imaginar que sería un viaje tan bonito como lo ha sido.
El miércoles por la noche aterrizábamos en Bolonia mi amiga Núria y yo, y después de una noche un tanto surrealista en el hostello en el que nos hospedamos, pusimos rumbo al circuito con algunos de los italianos con los que convivimos allí.